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300: El Nacimiento de un Imperio

¡Esto NO es Esparta!
LEVELUP 5.7 Muy malo

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Para hablar de 300: El Nacimiento de un Imperio, es necesario remitirse a la primera entrega de la saga 300 (2007), que definitivamente no merecía un Oscar, pero que trascendió por reunir una vistosa amalgama de recursos teatrales, efectos especiales y personajes de peso provenientes de la novela gráfica homónima de Frank Miller. El resultado fue una jugosa ganancia de $145 MDD para Warner y una experiencia sensorial singular y poderosa para los amantes del cine de acción y las historietas.

Hoy, la compañía pretende repetir esto con 300: El Nacimiento de un Imperio, pero fracasa en su intento, y como suele ocurrir con las secuelas, nos deja con la interrogante de si realmente valía la pena producirla, aunque eso lo determinará más la taquilla que la crítica.

Temístocles se siente más como un héroe convencional cuando se le compara con Leónidas
Temístocles se siente más como un héroe convencional cuando se le compara con Leónidas

El problema con El Nacimiento de un Imperio es, a grandes rasgos, que carece de personalidad. Insistimos: 300 no fue un parteaguas para la cinematografía, pero poseía identidad visual, sustentada por momentos memorables y personajes de gran carácter. El nuevo filme se siente más como una imitación. La historia relata lo ocurrido antes, durante y poco después de la célebre Batalla de las Termópilas en torno a la cual gira 300, y tiene por protagonista a Temístocles (Sullivan Stapleton), prominente y astuto general de la armada ateniense, quien hace frente a la segunda incursión persa sobre territorio helénico.

Como era de esperar, la película no escatima en acción, pero en vez de desenvolverse sobre tierra, ahora acontece en el mar Egeo que separa a Grecia de Persia. Esto supone más choque de barcos que de escudos y espadas, aunque estos últimos siguen presentes. En este escenario encontramos a Temístocles, quien intenta superar a la numerosa armada persa con sus pocos barcos, recurriendo para ello a tácticas que asombran por su ingenio, y que dejarán más satisfecho a quien lleve a un estratega militar dentro que a quien busque una colisión constante de falanges, infantería y caballería. Eso sin mencionar que los soldados griegos son, en su mayoría, personas comunes, así que su técnica de combate dista de tener la misma espectacularidad que la de los espartanos.

Los fans de Eva Green quedarán MUY conformes con ciertas escenas de la película
Los fans de Eva Green quedarán MUY conformes con ciertas escenas de la película

Pese a lo anterior, las secuencias de combate tienen su atractivo y apelan nuevamente a la alternancia de escenas a velocidad normal y a alta velocidad, misma que confirió un tono gallardo y sumamente estético a las peleas de 300 —de hecho, más de una película trató de emular el mismo efecto—. Se incrementó de manera sustancial la presencia de sangre y gore, así como también las explosiones, mientras que el clima juega un rol importante, pues buena parte de la cinta acontece en medio de una tormenta. El problema con esto es que la lluvia continua y el mar picado, a la larga se tornan visualmente monótonos. Si 300 era sepia, El Nacimiento de un Imperio es gris y eso sintetiza a la perfección toda la producción.

El concepto artístico es consistente con lo visto en la primera película de la serie, el problema es que las escenas como tales no muestran el mismo cuidado al detalle, la audacia y el esfuerzo que caracteriza a Zack Snyder, y la razón probablemente radica en que tanto el cineasta detrás la secuela como el director de fotografía, el musicalizador y el diseñador de producción, son diferentes, pero también en el hecho de que los personajes pecan de superficiales.

Algunas escenas en 300: El Nacimiento de un Imperio no demuestran el mismo cuidado y aspecto artístico de la primera parte
Algunas escenas en 300: El Nacimiento de un Imperio no demuestran el mismo cuidado y aspecto artístico de la primera parte

Momentos épicamente construidos como el de Leónidas regresando de los bosques cuando era un niño, el emisario Persa cayendo al foso o la visita del rey al oráculo en 300, que parecían sacados de una ilustración y los cuales demandaron un año de posproducción, aquí están ausentes. Algunas escenas que se prestaban para este nivel de construcción transcurren como si fueran un trámite y al final, la película completa se siente como tal.

Y ya que hablamos de los detalles técnicos, es pertinente mencionar que El Nacimiento de un Imperio se exhibe también en 3D, pero francamente el efecto es muy sutil como para que valga la pena pagar extra, es decir, esto no es Avatar y si la ven en 2D no se estarán perdiendo de mucho.

En el filme abundan las escenas con cámara rápida y la sangre exagerada
En el filme abundan las escenas con cámara rápida y la sangre exagerada

Otro problema yace en la construcción de los personajes y el ritmo del filme. Los 300 espartanos de la primera película no eran héroes convencionales. Eran soberbios, satíricos y perfeccionistas del combate, quienes trascendieron incluso por su grito de guerra. Leónidas era un tipo tan seguro de sí mismo que no dudaba en hacer una broma en el momento más álgido de la contienda, mientras que su esposa, Gorgo, rompía el molde de la reina convencional, al añadir una inesperada dosis de carácter.

Los griegos, por otro lado, son planos. Recordemos que Leónidas se mofa de ellos cuando se dirigen a las Termópilas, aludiendo a su falta de profesionalismo; 300 se encarga de demostrar que, en efecto, se trata de simples amateurs. Bueno, pues esta nueva película gira precisamente en torno a dichos amateurs y el director hace poco por destacar alguno de sus atributos. Temístocles es un personaje unidimensional, sin picardía ni carisma, y lo mismo ocurre con el resto de sus hombres, los cuales se saben en inferioridad de condiciones y pelean con valor pero sin gracia.

La cinta tiene una duración de 1 hora y 42 minutos
La cinta tiene una duración de 1 hora y 42 minutos

Incluso los persas se sienten como carne de cañón. Atrás quedó la caballería, los elefantes, los rinocerontes, los hechiceros y los inmortales. Aquí todo es un enfrentamiento marítimo y aunque aparecen los inmortales, son irrelevantes, así que al final, son miles de griegos contra un montón de persas en traje negro, indistinguibles entre rangos. Encima está la cadencia de la película, que se apresura a la acción y repara poco en los antecedentes del propio Temístocles, lo que demuestra, una vez más, lo frívolo del protagonista. Eva Green, por su parte, cumple con el rol de eye-candy para los espectadores y aunque su actuación cumple, el personaje tampoco tiene suficientes capas como para evocar el menor de los intereses y, sin embargo, Artemisia termina por mandar a Xerxes a segundo plano, con todo y que la novela gráfica en la cual se basa este filme lleva por nombre Xerxes.

300: El Nacimiento de un Imperio entretiene, pero no encontrarás en ella la misma sensación de asombro que te dio la primera parte, pues aunque visualmente satisfactoria, la cinta carece de personajes de peso que sirvan para darle sentido a todo. Ésta NO es la historia de aquellos espartanos que pelean como dioses, sino la de griegos comunes y sin personalidad. Eso, aunado con la ausencia de Zack Snyder, se transformó en un crucigrama difícil de resolver para Warner, Legendary Pictures y el equipo de producción. Si no existiera 300, quizá El Nacimiento de un Imperio podría destacar, pero las expectativas superaron lo que el director Noam Murro fue capaz de entregar, lo que nos deja con una desangelada imitación de lo que vimos hace 8 años.

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