Remaster: El arte de reciclar videojuegos

El debate alrededor de los remakes y remasterizaciones ha generado múltiples posiciones


En consecuencia de los últimos acontecimientos en la industria, y contemplando el auge que han tenido las remasterizaciones y remakes desde la séptima generación de consolas, dígase PlayStation 3, Nintendo Wii, Xbox 360, la discusión vuelve a la mesa: ¿Invertir en juegos nuevos o resucitar viejas glorias?

Luego de la PlayStation Experience, donde se anunciaron las remasterizaciones de la triología inicial de Crash Bandicoot, el regreso de PaRappa de Raper a las pantallas planas y la inclusión de Marvel vs Capcom 3 en la Playstore, volvieron a traer el debate al primer plano. Los remasters han sido una práctica habitual desde hace mucho tiempo, desde Super Mario All Stars, que recopilaba todos los juegos de la franquicia en un casset para SNES, hasta la colección de God of War para PS3.

Sin embargo, últimamente se ha intensificado, con tal fuerza que pareciera que los juegos de la nueva generación de consolas son nada más que un catálogo reciclado de viejas glorias que siguen vigentes.

La nostalgia de los fanáticos es una de las principales causales que impulsa a las compañías a traer de regreso juegos que se mantienen vivos en el subconsciente colectivo, y que, de alguna u otra forma, marcaron una época. La melancolía es algo que inevitablemente convive en todos, el deseo por volver a revivir tiempos pasados, donde no habían más preocupaciones que jugar. El factor nostalgia en una generación que fue testigo del apogeo de la industria pesa, y mucho.

A pesar de las innumerables críticas que recibe esta nueva tendencia, sigue generando ganancias y llevando a los desarrolladores a querer gastar menos en algo que garantiza producir más ganancias. Porque, para salir del paso, no está mal lanzar un remaster de un juego clásico que innegablemente pondrá dinero sobre la mesa, antes que desarrollar un nuevo juego cuyo éxito no está 100% garantizado.

Si bien, el factor nostalgia prima y juega un rol preponderante a la hora de que las compañías tomen la decisión de remasterizar un juego, también es una gran opción para quienes no pudieron jugarlo en su minuto. En este caso, invaden el recuerdo próximo juegos como Grand Theft Auto V o The Last of Us, que fueron lanzados cuando la generación pasada quemaba sus últimos cartuchos y quienes no contaban con las respectivas consolas no tuvieron la oportunidad de probarlos, y quizá, tampoco querrían arriesgarse a gastar el triple en un producto que más pronto que tarde se devaluaría constantemente. Por eso, a quienes compraron sus consolas de octava generación, y que, por alguna u otra razón no pudieron contar con una PS3 o una Xbox 360, esas remasterizaciones llegaban como anillo al dedo.

Sin embargo, a pesar de los motivos que pudieran llevar a los jugadores a comprar una remasterización, uno de los principales tópicos de debate alrededor de la tendencia es el excesivo precio que ponen los desarrolladores a juegos que salieron hace ya años al mercado. Muchas veces, remasterizaciones deficientes, cuyos cambios gráficos son casi intangibles son las que llevan el cuestionamiento de los precios al centro del debate. ¿Vale la pena pagar por algo que ya jugué? Corresponde a una de las preguntas habituales, cuya respuesta no la tiene nadie más que el propio consumidor.

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