KnightMiyabi era el dueño de una colección de cuatro cartas de Dragones Blancos de Ojos Azules, pero no cualquieras, estaban selladas y solo se pudieron obtener durante el Jump Festa 2000 en el Tokyo Dome. Son las originales en japonés, una edición muy compleja de encontrar de las cuales no hay más de mil en el mundo y fue considerada de las primeras "cartas secretas".
Recordó que las poseía al notar que su hija estaba jugando con sus otras cartas menos valiosas de Yu-Gi-Oh. Fue entonces cuando decidió hacer lo mejor para su pequeña y vendió las cuatro cartas en cuestión. Debido a su rareza se tasan por altísimos precios en el mercado, y si bien el padre no dio una suma exacta de cuanto ganó por la venta, subió una fotografía con su billetera llena y mencionó que los conocedores del juego saben que una de esas cartas no se vende por menos de 600 mil yen, unos $5,235 USD.
Con el dinero de la venta pretende enviar a la menor a un buen jardín infantil y costearla una buena infancia, no una de lujos ni nada por el estilo, pero suficiente para que crezca y viva bien. Mucha gente en Twitter alabó el acto de madurez del padre, mientras otros reconocieron que jamás harían algo así por cosas con valor sentimental.
La moraleja de esta historia es: No tengan hijos (Solo bromeamos).
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