Si creías que la crisis de hardware ya estaba en su peor momento, el conflicto entre EE.UU. e Irán acaba de añadir una capa de caos que nadie tenía en el radar. El 28 de febrero de 2026 comenzó un conflicto armado que en cuestión de días logró algo sin precedentes en la historia moderna: cerrar simultáneamente los dos únicos corredores marítimos por donde fluye la mayor parte del comercio global. El Estrecho de Hormuz, declarado zona de guerra por la Guardia Revolucionaria Iraní el 3 de marzo, y el Mar Rojo, donde los hutíes reanudaron sus ataques en solidaridad con Irán, son las dos arterias por las que transitan semiconductores, baterías, fármacos y prácticamente todo lo que se fabrica en Asia y llega al resto del mundo. Que ambas estén bloqueadas al mismo tiempo es, según analistas, la crisis de doble punto de estrangulamiento más grave en la historia moderna del comercio marítimo, y sus consecuencias para el hardware ya comenzaron a sentirse.

Una crisis que llega en el peor momento posible
Para entender por qué este conflicto es especialmente destructivo para el mercado tech, hay que recordar en qué punto ya se encontraba la industria antes de que empezara. Los precios de la memoria DRAM llevan meses en caída libre hacia arriba: Samsung confirmó aumentos de más del 100% en este trimestre, Samsung y SK Hynix anunciaron subidas de hasta 130% para el segundo trimestre, y el precio de la RAM DDR5 ya acumula hasta un 466% de aumento desde septiembre de 2025. El CEO de Phison ya advertía que varios fabricantes de hardware podrían quebrar este año por la falta de memoria. El conflicto en Irán no arrancó la crisis, pero la está empujando al precipicio.
El primer golpe es el energético. El petróleo subió un 8% en los primeros días del conflicto y analistas advierten que podría alcanzar entre $100 y $200 por barril si la guerra se prolonga. Esto importa directamente al tech porque la fabricación de semiconductores, la operación de hornos de reflujo en las plantas de ensamblaje y la producción de materiales derivados del petróleo como plásticos y laminados para placas de circuito se encarecen inmediatamente cuando el crudo sube. El segundo golpe es logístico. Maersk, una de las principales navieras del mundo, ya anunció que está redirigiendo todo su tráfico por el Cabo de Buena Esperanza en África, una ruta que añade entre 10 y 14 días de tránsito y aproximadamente $1 millón de dólares extra en combustible por barco, según estimaciones del profesor de cadena de suministro Patrick Penfield de la Universidad de Syracuse. A esto se suman las nuevas sobretasas de “riesgo de guerra” que las navieras están aplicando a todos sus clientes.
Semiconductores, helio y data centers bajo fuego
Más allá del petróleo y la logística, el conflicto golpea la cadena de suministro tech en puntos específicos y dolorosos. Corea del Sur ya emitió una advertencia oficial: la producción de semiconductores podría verse interrumpida por falta de helio, un gas esencial para el manejo de calor durante la fabricación de chips que proviene principalmente de Qatar, ahora en zona de conflicto. Los semiconductores y baterías que se exportan desde Asia hacia el resto del mundo pasan necesariamente por la región afectada, y con los aeropuertos del Medio Oriente cerrados al tráfico de carga, las rutas aéreas alternativas encarecen aún más los envíos urgentes.
La dimensión digital del conflicto es igualmente alarmante. Por el Mar Rojo pasan 17 cables submarinos que transportan la mayoría del tráfico de datos entre Europa, Asia y África. Drones iraníes ya atacaron tres data centers de AWS, dos en los Emiratos Árabes Unidos y uno en Bahréin, al punto que Amazon recomendó a sus clientes migrar sus cargas de trabajo fuera del Medio Oriente, advirtiendo que el entorno operativo regional es impredecible. Si alguno de esos cables submarinos resultara dañado, los barcos de reparación no pueden acceder a ninguno de los dos corredores mientras dure el conflicto. Si el enfrentamiento se prolonga más allá de semanas, los analistas advierten que lo que hoy son retrasos y costos adicionales podría convertirse en un shock estructural global, con inflación más alta, escasez generalizada de componentes y un mercado de hardware que ya estaba al límite enfrentando presiones que no estaba preparado para absorber.
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