El desarrollador Takashi Tokita reveló el gran susto que vivió creando Final Fantasy VII cuando una escena de JENOVA se activó sola en su equipo y, paralelamente, otros creadores recordaron crisis en los arcades, donde errores matemáticos obligaban a viajar de urgencia para reemplazar chips manualmente antes de que las máquinas colapsaran.
El mundo del desarrollo de videojuegos es un entorno dominado por la lógica y las matemáticas, pero en ocasiones, los errores técnicos, conocidos comúnmente como bugs, pueden manifestarse de formas tan inquietantes que rozan lo paranormal y, desde hace décadas, existe una fascinación colectiva por estos fallos; interrupciones abruptas de la inmersión que, lejos de causar risa, generan una irracional sensación de miedo. Este fenómeno, que ha dado origen a incontables leyendas urbanas digitales o creepypastas, volvió a la palestra recientemente gracias a una conversación iniciada en la red social X (anteriormente Twitter).
El desarrollador independiente japonés Kenpi Beniimo lanzó un desafío a sus colegas de industria, llamando a compartir los bugs más locos o aterradores que hubieran presenciado jamás. La convocatoria no solo atrajo curiosidades técnicas, entre ellas crisis logísticas de la era de los arcades, donde un error matemático obligó a ingenieros a viajar en tren bala para salvar máquinas recreativas antes de que dejaran de funcionar, sino qué además destapó una anécdota escalofriante de Takashi Tokita, veterano de Square Enix, relacionada con una de las escenas más icónicas del género RPG.
Más noticias de Final Fantasy
La inquietante aparición de JENOVA en el kit de desarrollo
La anécdota central que ha capturado la atención de la comunidad gamer proviene directamente de las oficinas de Square en la década de los 90. Takashi Tokita, una figura clave en la historia de la compañía, relató un incidente que bien podría pertenecer a una película de terror tecnológico cuando se encontraba trabajando tranquilamente en su PC en Final Fantasy VII y, sin intervención alguna, en medio del silencio del estudio el monitor del kit de desarrollo de la PlayStation se encendió abruptamente.
Lo que apareció en la pantalla no fue estática ni un menú de error, sino una cinemática específica ejecutándose por su propia voluntad, la cual es la infame escena del flashback de Nibelheim. En ella, el antagonista Sephiroth lamenta que la corporación Shinra esté “robando el planeta a su Madre”, justo antes de destruir la maquinaria y revelar a la entidad alienígena JENOVA, suspendida en un tanque de líquido.
“Sentí que estaba a punto de sufrir un ataque al corazón”, confesó Tokita.
La combinación de los gráficos poligonales de la primera PlayStation, que poseen una cualidad estética cruda y a menudo más inquietante que el fotorrealismo moderno del Remake, sumada a la activación autónoma de la escena en el hardware de desarrollo, creó una atmósfera de “fantasmas en el código” que el desarrollador nunca olvidó.

Pánico matemático y el número 65.536
Más allá del terror psicológico vivido por el equipo de Final Fantasy, el hilo de conversación en X también sirvió para documentar el pánico logístico de una era pasada. El desarrollador y artista Itau compartió una historia que ilustra la fragilidad del software en la época dorada de los salones recreativos, donde un error de programación no se podía solucionar con un simple parche descargable.
Itau describió un bug crítico en una máquina arcade que dejaba el juego totalmente inutilizable una vez que el contador acumulado de partidas alcanzaba la cifra de 65.536. Para los entendidos en informática, este número no es aleatorio y representa el límite de un entero de 16 bits (216), sugiriendo un desbordamiento de memoria clásico.

El problema comenzó a manifestarse en los salones de Tokio, desatando el caos en las oficinas. “Cuando llegué al trabajo, era un caos total”, relató Itau. La solución requería una intervención física inmediata: los programadores tuvieron que tomar las memorias ROM con el código corregido y salir corriendo a entregarlas en mano.
Y al final, mientras algunos cubrían la capital, otros tuvieron que subir a los trenes bala hacia Osaka, en una carrera contra el tiempo para reemplazar los chips antes de que las máquinas en el oeste de Japón alcanzaran la cifra maldita y quedaran fuera de servicio.
Mientras le mostraba Final Fantasy IV a su hijo en su vieja SNES, un jugador descubre una partida guardada de su padre de hace 30 años→ Productor de FFXIV dice que “el tiempo libre de los jugadores está disminuyendo” y quiere recompensarlos→
