Una encuesta de PwC revela que el 56% de los CEOs no ha visto beneficios financieros de la IA en el último año, pero mantienen la inversión por miedo a la obsolescencia tecnológica. A pesar de la falta de resultados tangibles y planes de capacitación, los líderes confían en que la rentabilidad llegará en el corto plazo.
A pesar de ser promocionada como el “santo grial” para el mundo corporativo, la adopción de la Inteligencia Artificial (IA) no está garantizando el éxito automático que prometía la publicidad. Una nueva encuesta realizada por la red de servicios profesionales PwC, que consultó a 4.454 directores ejecutivos (CEOs) en 95 países, ha arrojado un balde de agua fría sobre las expectativas inmediatas, con más de la mitad de los líderes empresariales admitiendo que, hasta la fecha, no han visto beneficios financieros significativos derivados de sus inversiones en IA.
Según los datos, lejos de ser la varita mágica que transformaría los balances de la noche a la mañana, la tecnología se enfrenta a un periodo de escrutinio donde los costes de implementación a menudo rivalizan o superan a los beneficios tangibles, done la falta de preparación de la fuerza laboral y el miedo a quedarse atrás impulsan la inversión, más que los resultados probados.
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La desconexión entre la inversión y la rentabilidad tangible
La narrativa predominante en el sector tecnológico ha posicionado a la IA como la herramienta definitiva para la eficiencia y el crecimiento. Sin embargo, los datos de PwC compartidos por el medio TechSpot, desmantelan la idea de que la mera implementación equivale a resultados inmediatos. El hallazgo más contundente es que el 56% de los directores ejecutivos encuestados afirma que la tecnología no ha producido ningún beneficio en términos de costes o ingresos durante los últimos 12 meses.
Al desglosar las cifras, el panorama se vuelve más complejo. Si bien un tercio de los encuestados reportó un aumento en los ingresos y un 26% observó una reducción de costes, existe una contrapartida preocupante, con el 22% de los CEOs señalando que sus costes operativos, de hecho, aumentaron tras la implementación de la IA. Aquellos que temen que la IA sea una burbuja financiera encontrarán validación en un dato específico, ya que solo el 12% de los líderes empresariales reportó haber logrado el escenario ideal de aumentar ingresos y reducir costes simultáneamente. Esto sugiere que, para la gran mayoría, la IA sigue siendo un centro de costes o una herramienta experimental, en lugar del motor de rentabilidad que prometen empresas como OpenAI.
PwC intenta matizar estos resultados argumentando que el problema no radica en la tecnología per se, sino en los cimientos sobre los que se construye. Según la consultora, las empresas con “bases de IA sólidas”, que incluyen marcos de responsabilidad y entornos tecnológicos integrados, tienen entre dos y tres veces más probabilidades de reportar retornos financieros significativos. Sin embargo, la encuesta revela una desconexión crítica entre la estrategia tecnológica y la capacidad humana para ejecutarla.
La ansiedad principal de los CEOs ya no es si la IA es una moda pasajera, sino si sus organizaciones pueden transformarse lo suficientemente rápido. El 69% de los ejecutivos cree que la IA generativa requerirá que la mayor parte de su fuerza laboral desarrolle nuevas habilidades en los próximos tres años. No obstante, existe una brecha alarmante en la planificación, porque menos de la mitad de las empresas tienen un plan claro para volver a capacitar (reskilling) a sus empleados a gran escala.
Además, aunque una amplia mayoría asegura que la IA cambiará fundamentalmente la creación de valor en sus compañías, la realidad operativa es distinta. Para muchas organizaciones, la IA sigue atrapada en el “purgatorio de los proyectos piloto”: herramientas aisladas y experimentos de productividad que no están integrados en los procesos comerciales centrales ni están remodelando la toma de decisiones estratégicas.

La paradoja del optimismo
Lo más fascinante del informe es la disonancia cognitiva entre los resultados actuales y las expectativas futuras, porque a pesar de que la mayoría no ha visto ganancias significativas hasta ahora, la fe en la tecnología permanece intacta. Casi tres cuartas partes de los CEOs esperan que la IA aumente significativamente la rentabilidad en los próximos 12 meses.
Este optimismo inquebrantable explica por qué la inversión sigue acelerándose incluso cuando los resultados financieros van con retraso. El estudio dibuja un escenario donde la adopción de la IA está siendo impulsada menos por un retorno de inversión (ROI) probado y más por el miedo a la obsolescencia. Los líderes empresariales no están frenando sus inversiones ante la falta de resultados; al contrario, están redoblando la apuesta.

Al final, la lógica imperante parece ser el miedo a perderse algo (FOMO, por sus siglas en inglés), ya que el coste de no transformarse a tiempo se percibe como un riesgo mucho mayor que el de invertir en una tecnología que aún no ha madurado financieramente. Los próximos años dejarán dolorosamente claro si esta confianza es una visión estratégica acertada o simplemente otro capítulo en la larga historia de burbujas tecnológicas infladas por la especulación.
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