Kensgold compartió con Kotaku boletas donde puede verse que gastó más de $10.000 USD en microtransacciones en diversos juegos como Counter-Strike: Global Offensive, Smite y The Hobbit: Kindoms of Middle-earth en los últimos tres años. En su carta pide encarecidamente a las compañías y gente que diseña estos pagos que vean el enorme efecto que las microtransacciones en juegos pueden tener en una pequeña parte de la población especialmente susceptibles a ellas.
Comenta que en un principio todo partió como un simple pago, pero luego, al meterse en juegos móviles diseñados en torno al Pay-to-Win, comenzó a gastar más y más, incluso invirtiendo hasta el 90% de sus sueldos para el cometido (consiguió un segundo trabajo para alimentar su adicción). Incluso le compraba tarjetas de prepago a amigos.
Luego pasó a jugar juegos como SMITE y CSGO, donde gastó miles de dólares en objetos cosméticos y a diferencia de antes no necesitaba gastar dinero alguno para conseguir ventajas. Admitió que tan solo era tanta la costumbre de tener ese skin que le gustaba que le urgía no poder gastar dinero para obtenerlo inmediatamente.
Actualmente Kensgold logró conseguir ayuda de su familia, amigos y asistió a terapias para tratar su caso. Ya no juega juegos con esquemas de microtransacciones de ninguna clase, vendió todo lo que tenía y logró meter todo en una cuenta de ahorro. Si bien su drama por la adicción no se ha ido ni se irá del todo, se siente cada vez más fuerte al respecto.
"Quiero dar a conocer mi historia no necesariamente para golpear a EA o cualquier compañía que haga esto, pero quiero compartir esto para dar a conocer que las microtransacciones no son tan inocentes como las hacen ver. Te pueden llevar por un mal camino. No es como comprar un chicle en la tienda," menciona Kensgold, buscando alertar a la gente parecida a el y fans de los juegos de mantenerse alertas y lo destructivo que es este modelo.
"No es una compra única. Nunca lo es," cierra el joven.

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