En diversas ciudades de Estados Unidos, lo que comenzó como una curiosidad tecnológica se ha transformado en una pesadilla de salud para quienes viven cerca de los centros de datos de inteligencia artificial, ya que un zumbido casi imperceptible pero constante está provocando que los vecinos reporten síntomas preocupantes que van desde fuertes dolores de cabeza e insomnio hasta náuseas y una ansiedad que no los deja descansar. Este fenómeno se debe al llamado infrasonido, una frecuencia tan baja que muchas veces no se escucha con los oídos sino que se siente directamente en el cuerpo, lo que genera una sensación de vibración interna que ha llevado a familias enteras a perder su calidad de vida mientras los niveles de ruido rozan los 100 decibelios durante las 24 horas del día.
Es así una situación donde la infraestructura que sostiene nuestra vida digital está chocando de frente con el bienestar físico de las personas, debido a que estas máquinas emiten ondas de baja frecuencia que atraviesan paredes y ventanas, afectando el sistema nervioso y el equilibrio de los residentes, lo que ya ha provocado que grupos vecinales se levanten para bloquear nuevas construcciones.
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Para entender por qué ocurre esto, debemos contarles qué es lo que hay dentro de estos enormes edificios llenos de procesadores que trabajan sin parar para que la inteligencia artificial funcione, lo cual genera una cantidad inmensa de calor que requiere sistemas de enfriamiento masivos que funcionan todo el tiempo y consumen hasta el 40% de la energía total del recinto. Además de los ventiladores gigantescos, estos centros suelen tener bancos de generadores de diésel para emergencias que se activan cuando la red eléctrica está saturada, liberando un ruido ensordecedor que puede alcanzar los 105 decibelios por unidad, mientras que en las zonas rurales la situación es todavía más delicada porque se utilizan turbinas de gas natural que suenan de forma muy similar a un motor de avión a reacción.

Como indica un reporte del medio TechRadar que comparte una publicación de un usuario de X, donde este deja un clip como evidencia del ruido, la ciencia ya está empezando a poner atención a este problema, pues estudios publicados en bibliotecas médicas sugieren que la exposición a estos sonidos de baja frecuencia puede afectar la función del corazón en solo una hora. Incluso se compara este malestar con el misterioso “Síndrome de La Habana” que sufrieron diplomáticos en el extranjero, lo que demuestra que el impacto de estas ondas en el tejido humano es un tema serio que no puede seguir siendo ignorado por las empresas tecnológicas.
De Estados Unidos a Chile, una batalla legal por el entorno
Esta preocupación ya no es exclusiva de Norteamérica y ha cruzado fronteras hasta llegar a Chile, ya que como reportamos hace una horas, recientemente la justicia tomó una decisión que ha generado mucho ruido al permitir que el gigante Amazon inicie la construcción de un complejo masivo en Huechuraba, a pesar de que los vecinos y grupos ecológicos intentaron frenarlo por el posible daño a su entorno natural. Esta resolución es fundamental para la compañía, que planea invertir unos 4.000 millones de dólares en el país, asegurando que sus instalaciones consumirán el mínimo de agua y energía, aunque el temor de la comunidad persiste ante la posibilidad de que se repitan los casos de mareos y falta de sueño vistos en otros países.

Para cerrar, mientras las autoridades ambientales aseguran que el proyecto es viable de forma independiente a la red eléctrica, la realidad es que el mundo entero está mirando con lupa estos desarrollos, ya que para muchas personas y organizaciones, la necesidad de procesar datos no debería estar por encima del derecho de las personas a vivir en un ambiente tranquilo y saludable, dejando una pregunta abierta sobre cómo conviviremos con el ruido del futuro en nuestras propias ciudades.
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