Actualmente, muchos usuarios quienes le sacan provecho de diferentes maneras en sus labores diarias, tienen la sensación de que la inteligencia artificial es una herramienta de cierta manera accesible y económica, pero esta percepción podría ser una de las mayores ilusiones de la industria tecnológica moderna. Y es que, aunque hoy pagan unos 20 dólares al mes por usar servicios como ChatGPT o Claude, estas plataformas están entre los programas más caros que se han construido en toda la historia, y los informes financieros más recientes sugieren que mantener estos precios tan bajos será imposible a largo plazo.
Estos reportes advierten que el enorme gasto en servidores y energía, sumado a la presión de los inversores que pronto querrán ver ganancias reales, provocará que las suscripciones suban de precio de forma escalonada, aparezcan nuevos niveles de pago más costosos o incluso se empiece a cobrar por cada consulta realizada, marcando el fin de la era de la inteligencia artificial barata para el consumidor común.
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Motores de productividad y cuentas que no terminan de cuadrar
Para entender el impacto de este posible aumento y si es que por diferentes razones, quizás rechazo a ellas o simplemente porque no las necesitas, nunca las has utilizado, te debemos contar qué son exactamente estas herramientas que se han vuelto indispensables en el día a día de miles de personas. ChatGPT, desarrollado por la empresa OpenAI, y Claude, creado por Anthropic, son asistentes de inteligencia artificial capaces de procesar enormes cantidades de información, redactar textos complejos, programar código informático y resolver problemas lógicos en segundos, lo que para muchas personas y empresas, los ha convertido en pilares de la productividad mundial actual.
Esto, al permitir que profesionales de todos los sectores, desde su perspectiva, ahorren horas de trabajo manual, automaticen tareas repetitivas y mejoren su creatividad, transformando por completo la manera en que operan las empresas y cómo los individuos gestionan su tiempo y conocimiento en la era digital. Sin embargo, como adelantamos, el costo de mantener esta revolución es astronómico y las proyecciones indican que OpenAI podría gastar unos 121 mil millones de dólares solo en capacidad de cómputo para el año 2028, lo que demuestra que las pérdidas siguen siendo muy altas a pesar de que cada vez entra más dinero por suscripciones.
El problema principal es que el proceso de “inferencia”, que es básicamente lo que gasta la máquina cada vez que un usuario le hace una pregunta, se consume más de la mitad de los ingresos de estas compañías, reporta la plataforma de medios y datos financieros Benzinga, quienes hacen eco de la información entregada por The Wall Street Journal, lo que significa que cuanto más éxito tienen y más gente usa sus servicios, más dinero pierden en electricidad y mantenimiento de servidores, una situación que por ahora se ignora porque el objetivo principal es crecer y dominar el mercado antes de preocuparse por las ganancias.

El momento en que la realidad golpeará varios bolsillos
Este modelo de negocio de “crecer primero y cobrar después” es muy común en el mundo de la tecnología, pero tiene un límite claro que llega cuando los inversores dejan de priorizar el número de usuarios y empiezan a exigir que la empresa sea capaz de sostenerse por sí misma con dinero real. Como el costo de entrenar estos modelos sigue subiendo y la tecnología necesaria para que funcionen es increíblemente cara, Benzinga advierte en su informe que es muy probable que los precios actuales no reflejen el valor real del servicio, por lo que no deberíamos sorprendernos si vemos cambios graduales en la forma en que pagamos, pasando de los conocidos 20 dólares a tarifas de 30 o incluso 50 dólares para quienes necesiten las versiones más potentes y rápidas del software.

No será un cambio que ocurra de la noche a la mañana de forma agresiva, sino que probablemente veremos la llegada de diferentes niveles de suscripción donde los usuarios más intensivos paguen más, o incluso modelos donde se deba pagar por cada interacción realizada, mientras que las versiones gratuitas podrían empezar a incluir publicidad o limitaciones mucho más estrictas para obligar a la gente a dar el salto al pago.
Todo esto, al final, deja en claro que la inteligencia artificial se está vendiendo como un servicio sencillo de software, pero su construcción y mantenimiento se parecen más a la creación de una infraestructura nacional como la red eléctrica o el suministro de agua, y en algún momento, el precio que sus usuarios pagan por ella, tendrá que ajustarse a lo que realmente cuesta mantenerla encendida.
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