Exigiendo a AMD tarjetas de 96 GB por un precio casi imposible de $2.500 dólares, una startup busca 11,5 millones para un centro de datos de IA, y aunque su plan de negocio es muy atractivo, esta ambiciosa demanda choca de frente con la escasez de componentes y la dura realidad del mercado tecnológico actual.
Como ya muchos saben y hemos estado reportando desde hace semanas y meses, el mercado de la inteligencia artificial se ha convertido en una auténtica carrera armamentista donde el combustible es la potencia de cálculo y por ende, hardware como GPUs. Y en este contexto, la startup TinyCorp ha llamado la atención con una propuesta que mezcla ambición empresarial con una exigencia técnica sin precedentes. La compañía ha iniciado una campaña para atraer inversores con el objetivo de recaudar 11,5 millones de dólares, esperando levantar un centro de datos masivo de 5 megavatios en el estado de Oregón.
Según los responsables de la empresa, buscan capital para construir una infraestructura gigante que utilice 3,000 chips de nueva generación para vender potencia de IA, aunque su éxito depende totalmente de que AMD fabrique una tarjeta gráfica con características casi imposibles y pidiendo que se las vendan a un cuarto de su valor.
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Un plan de no solo montar servidores comunes
La compañía ha indicado que su propuesta se apoya en el uso de tarjetas gráficas de consumo (las que normalmente usan los jugadores de videojuegos) para tareas pesadas de entrenamiento de IA, lo que tiene sentido desde un punto de vista de costos, ya que si logras que un chip “barato” haga el trabajo de uno profesional que cuesta diez veces más, el margen de beneficio es enorme. Sin embargo, para que las cuentas salgan, la startup necesita un hardware que todavía no existe y que ha pedido formalmente a AMD, siendo una petición que ha generado un debate en la industria tecnológica, ya que pone sobre la mesa la tensión entre lo que las empresas de software necesitan y lo que las fábricas de hardware pueden entregar realmente.
El punto más polémico de esta historia es la exigencia técnica que TinyCorp le ha planteado a AMD, pensando que la startup quiere que la futura generación de tarjetas gráficas, conocida como RDNA 5, incluya una variante con 96 GB de memoria de video (VRAM) y que, además, tenga un precio de venta de 2,500 dólares por unidad. Para alguien ajeno al sector, estas cifras pueden parecer simples números, pero en el mundo de los semiconductores son algo extraño, porque actualmente, la única tarjeta en el mercado que alcanza esa memoria es la NVIDIA RTX PRO 6000, una pieza que se vende por entre 8,000 y 10,000 dólares así que, pedir lo mismo por una cuarta parte del precio es, cuanto menos, una apuesta arriesgada.
Además, hay un factor externo que complica todo, comentan en un reporte del medio Wccftech donde comparten la noticia, ya que fabricar memorias de alta velocidad es caro y complejo, y actualmente el mundo enfrenta una escasez de componentes que eleva los precios de producción. Aunque se espera que la arquitectura RDNA 5 de AMD llegue al mercado a mediados de 2027, los analistas coinciden en que meter 96 GB en una tarjeta de “consumo” para usuarios normales es prácticamente inviable.

Fabricar sus propias placas si AMD no responde como “plan B”
Sumado a lo anterior, se ha indicado que la relación entre TinyCorp y AMD ha sido, como mínimo, turbulenta, porque en el pasado, ya han tenido discusiones públicas por fallos en el software y la falta de soporte técnico para usar tarjetas domésticas en entornos profesionales de inteligencia artificial. A pesar de estos roces, TinyCorp insiste en que AMD debe ir “a por todas” con la próxima generación, pero han ido un paso más allá, diciendo que si AMD se niega a fabricar ese modelo específico de 96 GB, ellos mismos se proponen diseñar y ensamblar sus propias placas de circuito utilizando únicamente el silicio (el cerebro del chip) proporcionado por AMD.

Aun así y para cerrar, la propuesta de TinyCorp refleja una tendencia real: las empresas de inteligencia artificial están desesperadas por encontrar alternativas a los prohibitivos precios de NVIDIA. Aunque el sueño de una tarjeta de 2,500 dólares con 96 GB parezca hoy una fantasía, la presión que startups como esta ejercen sobre los fabricantes podría obligar a marcas como AMD a replantearse sus estrategias de cara al futuro de la computación.
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