El Reino Unido multó a 4Chan con más de medio millón de libras por fallos en su seguridad infantil, pero el sitio respondió con burlas y se niega a pagar, un choque legal reabre el debate sobre si un país puede realmente controlar a las plataformas rebeldes que operan desde el extranjero.
Un nuevo episodio sobre los choques culturales y legales que se viven en Internet está ocurriendo ahora mismo, esta vez entre las autoridades británicas y uno de los rincones más rebeldes de internet. El regulador de comunicaciones del Reino Unido, conocido como Ofcom, ha decidido imponer una multa de $520,000 libras (alrededor de $700,000 dólares) a la plataforma de mensajes 4Chan por no cumplir con las nuevas reglas de seguridad digital, aunque la respuesta que recibieron no fue precisamente la que esperaban de una empresa seria.
Y es que además de que 4Chan se niega a pagar, se han burlado de las autoridades usando imágenes generadas por inteligencia artificial, específicamente con la de un hámster, todo esto en un contexto donde el propio gobierno de Estados Unidos ha comenzado a mostrar su cansancio ante los intentos de otros países por controlar a sus empresas tecnológicas.
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Un hámster como respuesta a la ley británica
La tensión subió de tono cuando el abogado de 4Chan, Preston Byrne, como adelantamos, decidió responder a la millonaria sanción publicando la imagen de un hámster creada por computadora, lo cual deja muy claro que la plataforma no tiene ninguna intención de tomarse en serio las exigencias británicas. Según un reporte de la BBC donde comparten la noticia, Byrne explicó a través de sus redes sociales que 4Chan solo opera oficialmente en los Estados Unidos y que, según su visión, no están rompiendo ninguna regla porque su comportamiento está protegido por la Primera Enmienda, que garantiza la libertad de expresión total en su país.
Esta actitud desafiante no es algo nuevo para este sitio de mensajes que lleva 22 años funcionando como un espacio casi sin reglas, pero ahora se enfrenta a una muralla legal en el Reino Unido que busca tratar el contenido digital con la misma rigurosidad con la que se vigilan los juguetes o el alcohol. Desde el punto de vista del regulador, no importa dónde esté la base de la empresa, ya que si ofrecen servicios a ciudadanos británicos deben adaptarse a las normas locales, lo que ha creado un estancamiento donde ninguna de las dos partes parece dispuesta a ceder ni un centímetro de terreno.
Por su parte, Suzanne Cater, quien se encarga de que se cumplan estas leyes en Ofcom, ha sido muy clara al decir que el mundo digital no debería ser diferente del mundo real, donde la sociedad siempre ha protegido a los jóvenes de cosas como las apuestas o el tabaco. Ella defiende que los controles de edad son la base de sus nuevas leyes y asegura que seguirán actuando con firmeza contra cualquier compañía que no alcance estos estándares de seguridad, aunque prefirió no hacer comentarios sobre la burla del hámster que la empresa utilizó para evadir la conversación formal.

Una batalla global por el control de internet
Este episodio recuerda mucho a lo que vivió en su día The Pirate Bay, cuando los responsables de aquel famoso sitio de descargas también se tomaron las leyes a broma y respondieron con mucha ironía y una actitud rebelde ante las demandas, asegurando que ellos no hacían nada malo porque solo ofrecían una herramienta tecnológica y no guardaban archivos ilegales en sus servidores.
Sin embargo, al final las risas se acabaron cuando la justicia los alcanzó porque a pesar de todos sus trucos para escapar de la ley, los tres fundadores fueron declarados culpables de piratería, se les impusieron multas millonarias y terminaron pasando varios años en prisiones de Suecia y Dinamarca entre 2009 y 2015.

Y ahora, lo de 4Chan es aún más complicado ya que el ambiente político internacional está cambiando, apunta la BBC, recordando que el año pasado el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, ya advirtió en una cumbre en París que su administración está perdiendo la paciencia con los países extranjeros que intentan regular a las empresas de tecnología americanas.
Es así como al final, mientras algunas pequeñas empresas sí han pagado sus deudas y ajustado sus sistemas, los grandes nombres y los sitios más anárquicos como 4Chan siguen en una posición de rebeldía, dejando en el aire la pregunta de si realmente un país puede imponer sus reglas en una red que, por naturaleza, no conoce fronteras.
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