Es un nuevo año, y la tendencia de las criptomonedas sigue creciendo. Países como El Salvador ya adaptan la divisa digital como parte del patrimonio y medio de pago. Sin embargo, el Bitcoin y otras criptodivisas están lejos de ser una alternativa sostenible a largo plazo debido al consumo enérgico que representan.
Según Digiconomist, un portal especializado en el estudio de los efectos secundarios de las tendencias digitales, el consumo de electricidad de Bitcoin se duplicó el año pasado con respecto a 2020. La red de la criptomoneda generó cerca de 97 millones de transacciones, que equivalen a un consumo del 0.54% de electricidad mundial.

La red de Bitcoin consumió un total de 134 TWh, comparable a la energía eléctrica consumida por Argentina, y dejando un promedio de 1,386 kWh de consumo por transacción, lo que podría alimentar un hogar estadounidense promedio por más de 1,5 meses. Por otra parte, su huella de carbono asciende a 658 kg de CO2 por transacción, equivalentes a 1,5 millones de transacciones de tarjetas VISA.
Otras monedas por su parte, como Ethereum, buscan entregar una alternativa viable más respetuosa con el medioambiente gracias a su sistema de Proof of Stake, en vez del tradicional Proof of Work de Bitcoin. Sin embargo, aún son muchas las monedas que causan daños al ecosistema debido al uso de combustibles fósiles para su obtención.
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