El escándalo del acuerdo de OpenAI con el Pentágono suma una nueva víctima interna. Caitlin Kalinowski, quien lideró el área de hardware de la compañía tras una carrera desarrollando dispositivos de realidad aumentada en Meta, anunció su renuncia el sábado citando directamente el contrato que llevó a millones de usuarios a desinstalar ChatGPT como señal de protesta. No es la primera vez que el acuerdo genera consecuencias para OpenAI, pero sí es la primera renuncia pública de un cargo directivo por esta razón.

Qué dijo Kalinowski
En su publicación en X, Kalinowski fue directa: reconoció que la IA tiene un rol importante en la seguridad nacional, pero trazó una línea clara. La vigilancia de ciudadanos estadounidenses sin supervisión judicial y la autonomía letal sin autorización humana son, según sus palabras, temas que merecían más deliberación de la que recibieron antes de que OpenAI firmara el acuerdo.
Su crítica apuntó también al proceso interno. Señaló que OpenAI anunció el contrato con el Pentágono sin haber definido previamente las salvaguardas necesarias, calificando el problema como una cuestión de gobernanza antes que cualquier otra cosa. Aclaró que tiene respeto por Sam Altman y el equipo, pero que eso no fue suficiente para quedarse.
La respuesta de OpenAI
La compañía respondió reiterando que sus llamadas “líneas rojas” prohíben el uso de su tecnología en vigilancia doméstica o armamento autónomo, y que el acuerdo incluye salvaguardas adicionales incorporadas después de cerrarse el trato. OpenAI también señaló que continuará dialogando con empleados, gobiernos y organizaciones civiles sobre estos temas.
El problema es que esas garantías llegaron tarde para muchos. Un funcionario del Departamento de Defensa ya había declarado públicamente que el acuerdo permite usar los modelos de OpenAI para “todos los medios legales”, contradiciendo directamente lo que Altman había prometido en redes sociales el día del anuncio. Desde entonces, las desinstalaciones de ChatGPT subieron un 295% en un solo día y más de 2,5 millones de usuarios se sumaron al movimiento para abandonar la plataforma.
La renuncia de Kalinowski llega en un momento en que la presión sobre OpenAI no cede. Más de 900 empleados de OpenAI y Google firmaron una carta abierta pidiendo a sus empleadores que rechacen los contratos de vigilancia del Pentágono. El costo reputacional del acuerdo sigue creciendo, y ahora tiene nombre y apellido.

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