La madre, de nombre ficticio María, tiene 58 años y está desesperada, asevera que su hijo, de nombre ficticio Antonio, lleva cerca de diez años sin salir de su habitación en un barrio de Málaga y está apunto de cumplir 32 años. “Se pasa los días jugando por Internet y viendo series y películas. Estoy desesperada”. María le contó al diario "La Opinión de Málaga" que necesita ayuda para que su hijo se pueda recuperar.
Cuenta que el verano pasado, sí tuvo que salir a la calle obligado por primera vez porque, tenía los dedos hinchados y pus, quiso que el podólogo fuera a la casa pero no atendía en ellas, asegura.
A excepción de ocasiones como esta, Antonio, que en julio cumplirá 32 años, pasa los días sin abandonar su pieza, en pijama, pegado a la pantalla de computador y sólo sale para ducharse y comer.
María cuenta que en la Universidad de Málaga, donde estudiaba su hijo, sacaba buenas notas y al mismo tiempo trabajaba para ganarse un dinero. Pero tuvo un bajón en el rendimiento académico y decidió dejar de estudiar.
Sin embargo, el detonante para abandonar las relaciones sociales se produjo por una lesión deportiva. “Tras dejar los estudios ya salía muy poco, se lastimó la rodilla, el médico le mandó un mes de reposo y ahí… se acabó”.
Antonio se encerró en su habitación y hasta convenció a su padre, ya con Alzheimer, para que le pusiera una cerradura a la puerta. "A partir de ahí se quedó en casa. Los amigos le intentaban sacar, venían el día de su cumpleaños pero él no quería ni que vinieran", cuenta María. También lo intentó su hermana la cual vive afuera de la casa, "pero ni siquiera contestaba sus llamadas ni sus WhatsApps".
"Yo lo que pido es que vayan a casa y le diagnostiquen. Los médicos tienen que acudir a casa. Mi hijo está enfermo, tiene agorafobia y necesita medicación y también que le vacunen", remarca.

La situación para esta madre es muy complicada, sufrió un ictus en su último trabajo y está cesante. “Cobro una pensión de viudedad de 560 euros”, asegura, tras fallecer su marido en enero de 2020. Con este dinero, viven madre e hijo.
En el Centro de Valoración y Orientación de la Junta de Andalucía le piden a la madre que acuda presencialmente con su hijo, “¿Cómo lo obligo? Si no tengo forma de sacarlo”, dice. Solo una vez, en estos casi 10 años, fue a la consulta de una psiquiatra de la seguridad social que “nos dijo que no tenía nada, que no sale porque no le da la gana”. A lo que le sumó más frustración e impotencia: “Qué mente, sino está enferma, lleva la vida que tiene él”, se pregunta. “Solo pido que me ayuden para que vengan a casa y lo valoren, ya no puedo más; estoy muerta por dentro”.
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