En algún momento de 2025, Sam Altman salió a declarar que OpenAI necesitaba el 40% del suministro mundial de chips y que construiría hasta $1.4 billones de dólares en infraestructura propia para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial. Los mercados se movieron, los fabricantes de memoria reorientaron su producción, los precios del hardware de consumo empezaron a subir y los inversores apostaron en masa a que la demanda de semiconductores no tenía techo. Un año después, OpenAI firmó un acuerdo de $38,000 millones para rentar capacidad de cómputo en Amazon Web Services. El megaproyecto de infraestructura propia se fue reduciendo en cada revisión pública, y lo que quedó es una estrategia multi-nube donde la compañía paga por servidores ajenos en lugar de construir los suyos, exactamente como cualquier startup que recién empieza.
Mientras eso ocurría, el DDR5 que costaba entre $100 y $200 dólares en octubre de 2025 llegó a valer $350 o más a principios de 2026 si es que había stock disponible. Los SSD de alta capacidad se multiplicaron hasta cuatro veces en precio en cuestión de meses, las consolas subieron, las laptops subieron, los PCs gamer que costaban $1,200 dólares hace año y medio superan fácilmente los $2,500 hoy, con la RAM representando una porción desproporcionada del total.

Cómo una empresa movió el mercado global de memoria
La conexión entre las promesas de infraestructura de OpenAI y el precio de los componentes de consumo no es especulativa. Como reportamos en octubre de 2025, OpenAI firmó acuerdos con Samsung y SK Hynix para asegurarse 900,000 obleas de DRAM mensuales, una cifra que equivale aproximadamente al 40% de toda la producción global, eso no dejó casi nada para el resto del mercado.
Los tres grandes fabricantes de memoria del planeta,Samsung, SK Hynix y Micron, reorientaron su producción hacia la memoria de alto ancho de banda que requieren los centros de datos de IA, que es entre dos y tres veces más rentable que la DDR5 convencional. El resultado fue que la crisis de RAM empezó a afectar todo, laptops, consolas, smartphones, autos de gama alta y, por supuesto, los componentes para PC gamer que la comunidad llegó a proponer boicotear ante precios que nadie veía bajar.
El colapso gradual del plan original
El proyecto Stargate, anunciado en enero de 2025 junto a Donald Trump en la Casa Blanca, prometía $500,000 millones en infraestructura de IA en territorio estadounidense, con OpenAI, SoftBank y Oracle como socios principales. Era, según el propio Altman, “el proyecto más importante de esta era”. Apenas meses después, Bloomberg reportó que los fondos prometidos no existían y que los socios no lograban ponerse de acuerdo, mientras los analistas cuestionaban si alguien había verificado los números antes de la conferencia de prensa.
Lo que siguió fue una serie de revisiones hacia abajo que se volvió casi cómica. El número bajó de $1.4 billones a $600,000 millones, luego a $500,000 millones como meta de cuatro años, y en paralelo OpenAI empezó a firmar acuerdos de infraestructura con proveedores externos: $300,000 millones con Oracle en cinco años, $38,000 millones con AWS, créditos en Google Cloud, y capacidad adicional con CoreWeave. Irónicamente, la expansión del campus principal en Texas terminó siendo cancelada por peleas internas con Oracle y problemas técnicos de suministro eléctrico, y el espacio abandonado podría terminar ocupado por Meta.

El año en que los precios no pararon de subir
Para quien estaba intentando comprar o actualizar hardware durante todo este ciclo, la experiencia fue agotadora. La DDR5 acumuló hasta un 466% de aumento desde septiembre de 2025, los SSD más grandes del mercado llegaron a multiplicar por cuatro su precio, y los fabricantes de chips empezaron a dar señales de que no tenían incentivos para resolver el problema porque la alternativa,producir memoria para centros de datos de IA, era sencillamente más rentable. Samsung y SK Hynix frenaron incluso sus planes de expansión por miedo a que la burbuja reviente y los deje con sobrestock que destruya sus márgenes.
El número que resume mejor el absurdo del momento es este: OpenAI generó aproximadamente $13,000 millones en ingresos durante 2025 mientras comprometía contratos por más de $1 billón en infraestructura. La empresa que justificó la mayor crisis de precios de hardware de la última década terminó siendo un inquilino más de Amazon Web Services, pagando por los servidores de otro en lugar de construir los suyos, mientras los consumidores siguen pagando los costos de una apuesta que nunca llegó a materializarse en la escala prometida.
OpenAI cierra Sora, su app de video con IA que iba a revolucionar la industria: las descargas cayeron un 45% y ni el acuerdo con Disney la salvó→ Los centros de datos de IA están acaparando todas las CPU de Intel y AMD: los tiempos de entrega pasan de semanas a meses→
