Una revisión al legado que nos dejó Isle of Dogs en el cine

Una revisión al legado que nos dejó Isle of Dogs en el cine

Editorial: Cine & Series / Facebook / Twitter / Cobertura ¡Wes Anderson! A veces imagino que si cierro los ojos y pronunció el nombre de este gran director estadounidense voy a ser transportado a un universo de imágenes simétricas, donde la vida cotidiana es un cuento, todo tiene paletas de colores bien definidas y Bill […]

Por Staff Web el 03/06/2018

Editorial: Cine & Series / Facebook / Twitter / Cobertura

¡Wes Anderson! A veces imagino que si cierro los ojos y pronunció el nombre de este gran director estadounidense voy a ser transportado a un universo de imágenes simétricas, donde la vida cotidiana es un cuento, todo tiene paletas de colores bien definidas y Bill Murray siempre está a la vuelta de la esquina.

El mes pasado, el cuentacuentos del cine contemporáneo aportó en nuestras carteleras con un film animado en stop motion y fue todo un riesgo, ¿por qué? Aguántense que ya les cuento. Entre tantas grandes franquicias fascinando con historias de contrabandistas espaciales y villanos que quieren medio destruir el universo, el director de The Great Budapest Hotel (2014) nos trae una historia de proporciones más humildes, una aventura protagonizada por una jauría de perritos vagos y un niño japonés.

¡Impresionante el detalle de nuestros protagonistas caninos!


Ya les dije que Isle of Dogs está hecha completamente en stop motion, ya saben esa técnica de mover los muñequitos cuadro por cuadro hasta lograr la sensación de movimiento. Es increíble. El detalle de los muñecos es tal que usaron cientos de distintas caras pintadas a mano para cada personaje, logrando expresiones bien definidas y captando una personalidad única en cada uno de ellos, para el pelaje de perros hicieron uso de lana de alpaca en su mayoría incluso.

Uno como que se imagina a Wes Anderson como un juguetero motivado, queriendo contar una historia con sus monitos, moviéndolos en maquetas construidas con alto detalle, fijándose en cada expresión y mirada, creando formas de alucinarnos en cada escena.

Detalle de uso de papel celofán para hacer fuego


Por otro lado, el elenco de la película resultó ser un lujo, con decirles que hay actores como el papá de Malcolm (Bryan Cranston), Edward Norton y la maravillosa Tilda Swinton. Todas estas voces en inglés personifican a los perros, es que todos los ladridos fueron traducidos al idioma anglosajón, mientras que casi todos los humanos hablan en japonés, mostrando las brechas idiomáticas entre caninos y nipones.

Lo anterior es importante, es que creo firmemente que la película se trata de nuestras diferencias. Déjenme ver si los convenzo. La historia comienza en la ciudad japonesa de Megasaki, donde por un brote de gripe canina, el gobierno en vez de preocuparse de la salud de sus ciudadanos de cuatro patas, se dedica a deportarlos a todos a una isla de basura. Brutal. Entonces nos muestran a los perritos pasando las de Quico y Caco, teniendo que pelearse por bolsas de basura, enfermándose y echando de menos a sus familias humanas.

Detalle de fotografía de Spots


Aquí entra un niño japonés, Atari Kobayashi, en un avión que a duras penas vuela y en seguida nos enteramos que llegó a la isla a buscar a su perro deportado, Spots. Obvio que los perros no entienden nada de japonés porque no son nada fans del anime o que se yo. Pero de alguna manera logran entenderse, con un lenguaje que trasciende las palabras y terminan colaborando para buscar al perro del joven. Ahí parte la aventura.

También hay enemigos, no puede ser tan fácil, porque el alcalde empieza a mandar sus minions a la isla, así comienza una persecución política a nuestros buenos perritos, mientras en la ciudad se gesta un movimiento revolucionario contra la ideología caninofóbica inserta en el gobierno. Aquí el tema de la diferencia explota, podemos hacer analogías a la aparición de ideologías de odio, el rechazo al más vulnerable y como, al final, no importa de dónde vengas, seas japonés o canino, todos respondemos a lazos de empatía y colaboración mutua que hacen el cambio. Cuático.

Por eso Isle of Dogs es justo lo que necesitábamos. En un universo fílmico lleno de spin-offs, secuelas y animación digital, llega una obra de autor, original y hecha a mano (literalmente), sumándose una película más al catálogo wesandersaniano, quizás la más aventurera de toda su carrera.

Pero, ya sabiendo que la película es una maravilla, la cosa funciona de la siguiente forma, su legado nos trajo lo que sería posiblemente un antes y un después con el stop motion, ya habíamos visto a El fantástico señor fox y parecía ciertamente, insuperable, pero Wes Anderson logra hacer magia, sin que sean historias con aventuras mágicas. Isla de Perros tiene un trabajo inmenso de animación, de maquetas, de todo, a continuación dejaremos un par de vídeos que explican mejor como se ha de vivir el proceso de una película con más de 246 sets y que utilizó efectos impensados.






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