La escalada de precios en el sector de las memorias RAM, impulsada por la demanda de la inteligencia artificial, ha obligado a los usuarios a rescatar componentes de alta gama directamente de los vertederos para evadir los costos inflados, lo que demuestra la desconexión entre el desperdicio masivo y un mercado de hardware que permanece inaccesible para el consumidor promedio.
Para gran parte de la comunidad gamer de PC, especialmente para los que en las últimas semanas se han aventurado en el armado o actualización de un equipo, ha notado un cambio drástico en el panorama económico del hardware de esta plataforma. Dentro de aquello, el componente más afectado por esta nueva realidad es la memoria RAM, todo por culpa de la carrera tecnológica impulsada por el desarrollo de la inteligencia artificial generativa, lo cual ha provocado una inflación generalizada en el mercado, elevando los precios a niveles de locura.
Y ante este mercado cada vez más hostil y desolador, la necesidad ha obligado a los usuarios de la “raza maestra” a buscar soluciones poco convencionales, llegando incluso a explorar los desechos de la sociedad moderna. Recientemente, ha salido a la luz el caso de un ciudadano que, ante la imposibilidad de costear los precios actuales, decidió incursionar en la recolección de chatarra electrónica en su vertedero de basura local.
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“Tesoros” gamer en la basura
Esto pasa ya que, como indicamos, lo que en el pasado reciente era una actualización rutinaria, hoy representa una inversión de capital considerable, con componentes que superan en cientos de dólares su valor de mercado de 2025. Como recuerdan en el medio TheGamer, donde comparten la historia de este “gamer chatarrero”, a mediados de dicho año, un kit de dos módulos de 16 GB de RAM DDR4-3000 podía adquirirse por menos de 150 dólares. Hoy, ese mismo hardware ronda los 280 dólares, y la tendencia alcista no muestra signos de desaceleración a medida que aumenta la capacidad de memoria requerida.
Ahora, el hallazgo de estos equipos en la basura que podría parecer una medida desesperada, resultó ser una operación sumamente lucrativa, ya que durante su última incursión, este usuario descubrió un verdadero tesoro de hardware de gama media totalmente funcional, destacando el hallazgo de dos módulos de memoria RAM DDR4 de 32 GB. Según los índices de precios actuales en plataformas de rastreo de hardware como PC Part Picker, un par de módulos de esta capacidad supera fácilmente los 500 dólares en el mercado actual, hambriento de memoria.
Por aquello, su descubrimiento no solo representa un ahorro sustancial, sino una capacidad técnica que para muchos usuarios significaría el fin de sus preocupaciones de rendimiento por años. Además de la memoria, el botín incluyó un monitor Samsung de alta calidad, una unidad de almacenamiento en red (NAS) Drobo Bay 5, un procesador Intel Core i7 de décima generación con refrigeración CoolerMaster, una placa base ASUS y diversos periféricos, incluyendo una unidad de disquete nueva, una rareza vintage en estos tiempos.

El desperdicio corporativo y un futuro incierto
En el mismo reporte de The Gamer, indican que este fenómeno de hallazgos valiosos en la basura recuerdan que mientras los precios suben, el “desperdicio corporativo” continúa, porque siempre existen startups fallidas, conglomerados que reducen su tamaño o empresas tecnológicas que actualizan sus flotas y están dispuestas a desechar hardware costoso sin miramientos.
Para aquellos que residen en áreas con alta densidad de empresas tecnológicas, en ciertos países como Estados Unidos, visitar los centros de reciclaje o vertederos locales podría no ser una idea descabellada, siempre y cuando se tenga el acceso permitido. Sin embargo, esta no es una solución universal, ya que muchas corporaciones optan por políticas de destrucción total, fundiendo componentes antes de permitir que el público pueda recuperarlos, citando razones de seguridad de datos o políticas internas.

Para cerrar, los indicadores económicos del sector no muestran señales de que la burbuja de precios vaya a estallar pronto, dejando al consumidor común atrapado entre costos inasumibles y la ironía de saber que, en algún lugar, esa tecnología inalcanzable está siendo desechada.
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