En un experimento que seguro beneficiará a muchos quienes han tenido la intención de hacerlo, pero por tiempo o implementos no han podido, un jugador y usuario avanzado de informática, ha decidido lanzarse a una aventura técnica que le tocará la fibra a todos los que tienen algún equipo viejo guardado en algún lugar. Según dice, todo partió de la base de que su última consola física fue una Xbox One original que apenas usó, ya que su verdadera pasión siempre ha sido el PC pero siente una enorme nostalgia por los clásicos de PlayStation y Game Boy. Y en este proyecto, rescató una mini PC Minisforum U850 (su modelo básico traía 16GB de RAM DDR4), y que en la actualidad puedes encontrar entre $200 y $300 dólares reacondicionadas. Un equipo que en su momento fue una opción económica y decente pero que hoy, con su procesador Intel Core i5-10210U, muchos considerarían insuficiente para las exigencias modernas. Y aunque el objetivo no era jugar a los últimos lanzamientos en ultra sino ver si SteamOS podía transformar este pequeño bloque de metal en una consola de salón capaz de superar a otros sistemas dedicados.
Todo aquello porque como resultado, reveló que un PC con especificaciones modestas se puede convertir en un centro de juegos fluido, donde la interfaz se maneja exclusivamente con mando y los juegos independientes brillan con luz propia, demostrando que no hace falta gastar miles de dólares para disfrutar de una biblioteca de miles de títulos de forma cómoda y directa.
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El motor de Valve y el desafío de la instalación
No se puede hablar de este proyecto sin mencionar el papel fundamental que ha jugado Valve en los últimos años, transformándose de una simple tienda de juegos a una empresa que ha revolucionado el gaming en Linux gracias a herramientas como Proton, la cual permite que juegos diseñados para Windows funcionen de maravilla en otros sistemas. Este usuario llamado Rich Edmonds, quien cuenta en detalle su experimento en el medio XDA-Developers, destaca que, aunque existen alternativas muy potentes como Batocera que se centran en la emulación pura, SteamOS ofrece una capa de modernidad y sencillez que nos permite acceder a nuestra biblioteca actual sin complicaciones, eliminando la necesidad de configurar teclados o ratones una vez que todo está instalado.
A pesar de que el proceso de instalación puede presentar algunos baches porque este software no está diseñado originalmente para todos los equipos del mercado, el resultado de ver la interfaz de Big Picture arrancando directamente en un televisor de 55 pulgadas es una recompensa que vale totalmente la pena, permitiendo que un procesador que antes sufría con tareas pesadas ahora se mueva con soltura entre menús elegantes y portadas de juegos que invitan a jugar de inmediato sin preocuparse por los tecnicismos del sistema operativo.

La magia de jugar sin obsesionarse con la potencia
Lo más interesante del experimento de Edmonds es el cambio de mentalidad que propone, ya que al usar una mini PC con un hardware limitado nos alejamos de la obsesión por los gráficos al máximo o los fotogramas por segundo, para centrarnos en lo que realmente importa, lo cual claramente es la diversión pura de títulos como Stardew Valley o Terraria. Este sistema casero demostró ser una roca en cuanto a compatibilidad con mandos, aceptando casi cualquier periférico que se le conectara sin necesidad de configuraciones tediosas, lo que convierte a la sala de estar en un espacio de juego casual perfecto donde la tecnología simplemente desaparece para dejarnos disfrutar de la partida.

Para finalizar, lo que Rich Edmonds nos enseña es que reutilizar hardware antiguo es un acto de justicia tecnológica, pues permite que equipos que estaban destinados al olvido se conviertan en consolas funcionales y potentes para juegos independientes y emulación clásica, dándonos una alternativa real y económica frente a las consolas tradicionales y recordándonos que, a veces, un procesador antiguo y un buen software son más que suficientes para pasar tardes inolvidables frente al televisor.
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