Un aficionado a las cartas de Pokémon compartió recientemente en redes sociales una historia catalogada como profundamente humana y conmovedora, sobre cómo el coleccionismo le sirvió para sentirse otra vez cerca de su padre, quien falleció hace unos años a causa de una enfermedad grave. Historia que además ha dejado una enseñanza muy bonita para todos los que se han topado con esta.
Se trata de la experiencia de un padre de familia que decidió ocultar en secreto su propia colección de cartas de Pokémon para evitar que su esposa la tirara a la basura, tal como sucedió con los juguetes de sus hijos cuando perdieron el interés, permitiendo que casi treinta años después, su hijo encontrara ese tesoro intacto tras su fallecimiento y dedicara años de trabajo a conseguir la última carta que faltaba para completar el álbum en su memoria.
El reto de completar el Set Maestro y la búsqueda de las piezas faltantes
Como adelantamos, todo comenzó hace casi tres décadas, en los primeros años del lanzamiento del juego de cartas coleccionables, cuando el padre compró los primeros sobres con la idea de compartir esta afición junto a sus dos hijos, creando momentos muy divertidos en familia. Con el paso del tiempo, aunque los niños jugaban bastante al principio, poco a poco fueron dejando de lado el juego hasta perder el interés por completo, lo que provocó que la madre tomara la decisión de tirar todas las cartas de los niños a la basura porque consideraba que solo estaban ocupando espacio en la casa.

Sin embargo, el padre presintió lo que iba a ocurrir y tomó la precaución de guardar su propia colección en un lugar secreto, un escondite que nadie descubrió sino hasta después de su fallecimiento en el año 2019 a causa del cáncer, momento en el que el joven decidió quedarse con todo el lote al ser el único integrante de la familia interesado en conservarlo y continuar con el pasatiempo. Al recuperar las carpetas de su padre, el joven que compartió su vivencia en redes sociales sintió la necesidad de volver a adentrarse en el mundo de las cartas con el objetivo de llenar cada uno de los espacios vacíos que su progenitor había dejado incompletos.
En el mundo del coleccionismo, la meta principal para muchos seguidores consiste en reunir lo que se denomina un “Set Maestro”, lo cual significa conseguir cada una de las cartas numeradas de una misma edición para armar una especie de guía personal completa, un desafío que requiere mucha paciencia. Cabe destacar que mientras en los inicios del juego esto era una tarea más sencilla porque la primera colección constaba únicamente de 102 cartas, hoy en día el panorama ha cambiado drásticamente debido a la existencia de miles de modelos diferentes y a que los precios de mercado han alcanzado cifras astronómicas.
En el relato publicado, el coleccionista explicó que prefiere colocar el término “Set Maestro” entre comillas porque su proyecto no se limitó de forma estricta a juntar las cartas de la primera edición, sino que también quiso incluir versiones especiales, variantes alternativas y algunas ediciones posteriores para enriquecer aún más la carpeta familiar. Durante los últimos años, este joven dedicó gran parte de su tiempo libre a buscar pacientemente los ejemplares que le faltaban, recorriendo tiendas y conversando con otros afines al pasatiempo, convirtiendo cada pequeña compra en un homenaje constante a la dedicación de su padre.
La llegada de la última carta y el verdadero valor de coleccionar
Después de mucho tiempo buscando por diferentes vías, al joven solo le faltaba una sola carta para dar por terminada toda la colección de su padre, la cual resultaba ser además la más famosa y deseada por todos los fanáticos, que es la carta de Charizard. Y tras una intensa búsqueda, por fin logró conseguir ese último ejemplar tan cotizado, lo que le permitió colocar la pieza final en el álbum y completar con gran emoción el trabajo que su padre había comenzado casi treinta años atrás.

Para finalizar su publicación en redes sociales, el protagonista comentó que está completamente seguro de que su padre se sentiría tan emocionado y orgulloso como él al ver la colección terminada tras tantos años de esfuerzo y cariño. Asimismo, quiso dejar una reflexión final dirigida a toda la comunidad para recordar que “lo importante es no olvidar de qué se trata realmente este pasatiempo, que es el amor por las cartas y los recuerdos que vas acumulando mientras coleccionas”, dejando en claro que el verdadero valor de estos objetos radica en los momentos compartidos y no en el dinero que puedan costar.
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